Dead City: The Escape – Las Tareas y la Moral

Tres días después del ataque al Ayuntamiento, James Myers contemplaba abatido el espantoso panorama causado por los zombis. Había cadáveres por todas partes; la mayoría pertenecían a los muertos vivientes invasores, pero también había conocidos entre los caídos, camaradas con los que había convivido en el último mes. James estaba plantado en mitad de las escaleras que bajaban al jardín trasero, abstraído mientras revivía los sucesos acontecidos el día del ataque. Aquellas imágenes se habían quedado grabadas a fuego en su mente y no había forma humana de borrarlas. Repasó mentalmente cada recuerdo que tenía de ese día tratando de encontrar el momento en el que todo se fue al infierno. El martes, como cada mañana, se levantó al despuntar el alba para patrullar el perímetro junto a Melinda y Billy. Revisaron concienzudamente la alambrada que habían construido alrededor del Ayuntamiento semanas atrás; eliminaron de forma limpia y sin hacer ruido a los zombis que se agrupaban al otro lado; y para terminar su ronda, diez minutos antes del turno de Ralph y su equipo, comprobaron que todas las entradas de acceso al Ayuntamiento estaban perfectamente vigiladas y protegidas.

-Ralph… -susurró el hombre para si mismo a la vez que miraba el mutilado cuerpo de Ralph que yacía sin vida sobre la hierba. A pocos metros del cadáver había una sección de la alambrada tirada en el césped-. ¿Por qué no diste la alarma en cuanto viste acercarse a la horda de zombis? Podríamos habernos organizado mucho mejor.

Un hombre alto y delgado, de pelo cano que cubría únicamente la parte posterior de su cabeza, se detuvo a su lado. James había estado tan concentrado en sus pensamientos que no lo había oído llegar. Tampoco notó su presencia hasta que el párroco puso la mano sobre su hombro.

-¿Se encuentra bien, agente Myers? -le preguntó con cierta preocupación.

-Por favor, Padre, llámeme James. Ya no soy policía.

-Se que está pasando por momentos muy duros, agente Myers, pero está equivocado si piensa que no es un agente de la ley. Es un excelente policía y nada de lo que diga podrá cambiar el hecho de que lo sea.

James negó con la cabeza, y acto seguido se quitó la placa del uniforme raído que vestía.

-Esta placa ha perdido tanto su lustroso brillo como su significado. En este nuevo mundo no tiene valor alguno -James le entregó la placa al Padre Gabriel- Tome, seguro que usted encuentra a otro que la luzca mejor que yo. Y ahora si me disculpa, tengo trabajo que hacer -concluyó de forma tajante antes de encaminarse hacia el jardín.

-¡Espere! -el Padre Gabriel bajó apresuradamente los escalones para alcanzar a James-. Quedan muy pocos en el planeta que se preocupen por el bienestar de los demás sin esperar nada a cambio, como hace usted. Es una persona de principios, y no voy a permitir que se hunda por lo que ha sucedido. Esto no ha sido culpa suya ¿Me está escuchando? ¡Por el amor de Dios, párese y entre en razón! ¡Si alguien es merecedor de esa placa es usted!

-¿Y de que me sirve el título de policía si no puedo proteger a los miembros de esta comunidad? -preguntó el policía levantando la voz-. El alcalde confiaba en mí y le he fallado.

Todas las personas que estaban presentes dejaron las tareas que tenían entre manos para prestar atención al Padre Gabriel y al agente Myers. Parecía que el policía había perdido la esperanza y la fe en sí mismo, y el sacerdote trataba desesperadamente de mostrarle que estaba equivocado. El desánimo había vuelto a alojarse en el corazón de uno de ellos.

-¿Qué no puedes protegerles? ¡No diga tonterías! ¿Acaso ha olvidado las cosas que ha hecho por nosotros? Este lugar estaba condenado al fracaso al igual que los supervivientes escondidos en su interior. Le recuerdo que el día que llegó nos salvó a todos de una muerte segura. ¿Ya lo ha olvidado? Los muertos nos habían invadido y usted los eliminó uno a uno. Fuiste el milagro que tanto le había pedido a nuestro Señor. ¡Fuiste nuestra salvación! -hizo una prolongada pausa, tragó saliva y prosiguió con un tono menos airado-. Desgraciadamente a vuelto a suceder, pero si usted no hubiera estado aquí, la cosa habría sido mucho peor.

-No lo creo. En esta comunidad hay gente capaz de sobrevivir sin mí. Son mejores que yo en todos los sentidos.

Ninguno de los dos parecía dar su brazo a torcer. Finalmente el Padre Gabriel, cansado de razonar con el policía, le lanzó la placa a los brazos y le increpó- Si quiere renunciar renuncie, pero no cuente conmigo para ayudarle. Si quiere deshacerse de esta placa hazlo usted mismo. Pero tenga por seguro una cosa… no encontrará a nadie mejor para que la lleve en el pecho.

Esas fueron las últimas palabras del sacerdote antes de entrar en el edificio. James, por su parte, no perdió más el tiempo y comenzó a gritar a los presentes, no sin antes guardar la placa en uno de los bolsillos del pantalón.

-¡Dejaos de alcahuetear y moved el culo! Tenemos muchas cosas que hacer antes de que anochezca -James era un hombre respetado por todos y por esa razón nadie rechistó cuando comenzó a dar órdenes a diestro y siniestro-. Garth, tú encárgate de bloquear la entrada con esos coches de allí -señaló un par de coches abandonados en mitad de la calle-. Llévate a Louis y a Travis contigo, necesitarás ayuda para traerlos aquí; seguro de que tienen el depósito seco.

-¡Marchando una de coches! -grito Garth al momento. Dos hombres se unieron a él. Eran Louis y Travis, que aunque se les notaba en la cara que no estaban muy ilusionados de salir al exterior, obedecieron sin decir ni una palabra.

-Rebecca, acompáñales. Tú te encargarás de vigilar el área para evitar que los podridos se acerquen a vosotros.

-Descuida, no permitiré que ningún zombi ponga un pie a menos de cien metros de nosotros -respondió la mujer golpeando la culata del rifle que tenía colgado en su hombro derecho.

-Y vosotros cinco ocupaos de los cadáveres -esta vez James se dirigió a un grupo de jóvenes que no hacían otra cosa en todo el día que holgazanear-. Amontonadlos en un rincón y quemadlos. Y al hacerlo procurad no prenderos fuego a vosotros mismos.

-¿Y yo que hago? -le preguntó Billy, esperando impaciente que su amigo le encomendase una tarea.

-Ve a buscar a Melinda. Necesito vuestra ayuda para reparar la alambrada.


Hoy voy a escribir, como muy bien se indica en el título de esta entrada, sobre las Tareas y la Moral.

La Moral

De la Moral no hay mucho que decir, salvo que a lo largo de la partida los Personajes pueden recibir fichas de Desánimo por diversas causas, alterando negativamente sus estados de ánimo. Si en algún momento un Personaje recibe su tercera ficha de Desánimo, el Jugador que lo controle deberá descartarlo (se supone que abandona el grupo y se marcha). También es posible que un Jugador use una carta de Apoyo contra otro Jugador para, por ejemplo, atraer a su grupo al Personaje desanimado del otro Jugador o jugarla para obligarlo a que elimine del juego al Personaje desanimado (no aguanta la presión y se suicida 😦 ). ¿Cómo se consiguen estas fichas? Fácil: pasando hambre, viendo morir a compañeros, por cartas de Sucesos… Lo que pretendo con estas fichas es trasmitir en el juego la fragilidad de la mente humana cuando están en situaciones extremas, y de paso se lo pongo más difícil a los Jugadores 😀 .

Las Tareas

Las cartas de Tareas sirven, principalmente, para ganar Puntos de Victoria y conseguir alguna que otra cosa útil que ayude a los jugadores. Antes de la partida, y simplificando mucho, decir que hay que hacer 4 montones diferentes que colocaremos boca abajo en la parte habilitada para ello de la zona de Tareas, mostrando únicamente la primera carta de cada montón, tal y como se puede ver en la imagen de más abajo.

Para hacer una tarea simplemente hay que colocar un peón sobre la carta de Tareas que el Jugador elija, pagar los recursos que pida, y seguir las indicaciones del texto de la carta antes de descartarla (o colocarla en la zona de Construcción). Normalmente son tareas que otorgan algún beneficio, pero no todas las tareas a realizar beneficiarán a los Jugadores. Mentiría si lo dijera.

Hay unas pocas cartas repartidas en los montones para fastidiar a los jugadores, tareas que nadie quiere realizar, pero que están obligados ha hacer si no quieren que les perjudiquen. Así, los Jugadores tendrán que colaborar (o no, ya que no están obligados ha hacerlo) para completar una tarea que no dará ningún beneficio a nadie, salvo el de librarse de la carta en cuestión y el de su efecto negativo. De esta manera, se pueden dar casos muy curiosos si aparece una de estas cartas y en vez de ayudar, nos preguntamos cosas como: “¿Ayudo a quitar la carta en este turno, o me espero uno más para fastidiar a Pedro (que sé que lo hará porque perderá a un Personaje)”. Tengo que decir que no es necesario que todos colaboren, pero claro está, cuantos más mejor. Y creedme cuando os digo que si no quieren ver como se va al traste la partida, tendrán que ayudar, aunque sea a regañadientes. Se puede dar el caso de que algún jugador no quiera colaborar, pero de ser así, hay una solución muy buena a modo de persuasión: plantarse todos y dejar que la carta haga su efecto negativo. Seguro que al turno siguiente los Jugadores que no quieren ayudar se lo piensan mejor y colaboran.

A continuación pongo una imagen para que os hagáis una idea de cómo quedaría todo. Como podéis ver, hay diferentes colores (el posit del título) entre las cartas de Tareas. Las Amarillas son las normales que se descartan después de la acción, las Verdes son las que se colocan en la zona de Construcción (no me gusta como suena, pero mientras la llamo así jaja), y las Rojas son las que tienen la misión de fastidiar a los Jugadores.

Zona de Tareas

Y con esto finalizo esta entrada. Saludos y gracias a todos los que siguen este proyecto.

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